La Red Asocial (2 y final)

(Viene de parte uno)

El propósito de enmienda de Julián arrancó con la idea de no inmiscuirse en la vida de nadie durante un día. El primer examen llegaría en el trabajo, en el descanso del café de las once. En el office se encontró con Mª José Rebozuelo, de administración, escuchando un audio de Whatsapp con el móvil pegado a la oreja por el lado de los altavoces. Desde que Julián descubriera que los mensajes se podían escuchar por el auricular del teléfono, sentía la necesidad de aleccionar a quien no siguiera este procedimiento. Esta vez sería diferente. Se mordió la lengua, sacó su café diarreico de la máquina y abandonó el office sin mediar palabra con ella. Sofocado por el sobreesfuerzo de superar el primer escollo, salió al exterior a tomar el aire.

Sentado en un banco de la calle, se zambulló en Twitter buscando evadirse. Allí vio la foto de un chaval posando orgulloso con una llamativa camiseta. A Julián no le gustó; su instinto primitivo y la congoja por no haber instruido a Mª José, le empujaban a responder: “te queda como el culo, campeón”. Entonces le sobrevino un consejo de su psicólogo: “si no tienes nada positivo o constructivo que aportar, piensa en las consecuencias de tus palabras” Tras una breve lucha interior abandonó la idea de responder. Julián 2 – Trol 0.

En el descanso de la comida, él y los cinco compañeros con los que compartía mesa masticaban y tragaban en silencio con la atención puesta en sus respectivos teléfonos. Julián necesitaba compartir con ellos su indignación ante la política de la empresa que “invitaba” a hacer horas extra no remuneradas. A los cinco se les veía muy centrados en sus pantallas, así que optó por ir a desahogarse a Twitter buscando el amparo de sus adorados followers. Antes de enviar un mensaje cargadito de bilis, su compañero Enrique Grosellero, que lo había leído por lo bajini, le apuntó discretamente en voz baja: “por menos de eso que estás a punto de enviar despidieron a un chaval de su empresa; yo que tú me lo pensaría” Julián le miró como los demás le miraban a él cuando metía el hocico en asuntos ajenos. Al impertinente le daban a probar de su propia medicina por vía oral. En lugar de responder, Julián inició una cuenta mental hasta cinco (consejo de diván) tratando de contener a su indignadito interior. Pensó que tal vez el único propósito de su compañero fuese ayudar; que no todos los impertinentes eran trols, que también existía algún Aragorn que sabía importunar sin ofender. Veinte retuits y catorce favs de indemnización por despido no merecían la pena. Mensaje cancelado y tímida sonrisa de agradecimiento a Enrique, hijo de Arathron II y Gilraen. Al final del día Julián hizo balance. Evitar saltar en charcos ajenos le había ahorrado horas de irritabilidad y un despido. Aquella noche, agotado por el esfuerzo de enfrentarse a si mismo, durmió plácidamente tras meses de insomnio.

A la mañana siguiente, estimulado por el buen arranque del plan, dio otro paso hacia adelante activando el método “Siete días sin”, que tan buenos resultados había dado junto a su añorada Adela. El método, consistente en añadir un verbo al título y ponerlo en práctica, tenía una alta eficacia si se hacía con determinación. Gracias a él, ambos permanecieron siete días sin fumar para más tarde abandonar el tabaco definitivamente. Lo mismo ocurrió con la televisión y la bollería industrial, entre otros. Julián se vino arriba e incorporó el método a su rehabilitación: siete días sin intromisiones y siete días sin Twitter.

Esa semana se encontró con muros difícil de superar. En el trabajo escuchó “catorceava edición” y “habían habido resultados” logrando permanecer en silencio estoicamente. En la calle se encontró con un antiguo compañero de la facultad quien, lejos de saludar con un firme apretón de manos, le ofreció una mano flácida. Julián le sonrió mientras en su cabeza aparecía Tobías: “desconfía de un hombre que da mal la mano”, le solía decir su ex amigo. Las horas que dedicaba a Twitter las empleó en darle calor a una lista de tareas pendientes que no dejaba de crecer. Aquella semana lograría tachar tres: leer la biografía de Phil Jackson, iniciar sus clases de ukelele y cocinar un solomillo Wellington. Los efectos del #SaveJulián se extendieron al running, donde aprendió a disfrutar en la intimidad de los beneficios que éste le brindaba, prescindiendo de comparar tiempos con otros corredores y huyendo del postureo de las redes.

Con una visión menos intensa del mundo, la perspectiva vital de Julián viraba hacia rutas enriquecedoras. Su cambio de actitud pasó de tortuoso a alentador. El Señor Cardamomo aprendió a ignorar las numerosas banalidades que a diario se cruzaban en su camino; así comprendió que indignarse con la gente que va con los tobillos al aire en invierno era un sinsentido que sólo le hundía en su desdicha.

Una inercia revitalizante prorrogó los “Siete Días Sin” de manera indefinida. El trueque de hábitos ponzoñosos por otros más saludables fue cincelando la mejor versión de Julián. Aquel proceso le había abierto las puertas de la autocrítica, la cual reveló conductas propias que él solía reprochar al prójimo. Con el paso de los meses, el tocapelotas del pasado había sido reducido a un meme de sí mismo. De Twitter ya no quedaba ni el icono de la pantalla. Abandonó la red social sin despedirse de unos followers que siempre estuvieron ahí esperando su ración diaria de carroña. “Nada une más que un enemigo común”, solía decir Tobías.

Los ecos de la metamorfosis resonaron en los oídos de sus antiguas amistades y familiares. Julián regresaba a las convocatorias. Volvieron las cenas, las comidas de los domingos, las pachangas de basket y las cañitas después del curro. En cualquier reunión el Sr. Cardamomo declinaba el papel protagonista adoptando el rol de actor de reparto. Acallar a su trol interior le había ayudado a trabajar el silencio, a desarrollar una capacidad de escucha de la que pronto brotaría la empatía. Su entorno valoró el cambio y le condonó los dos strikes.

El renacimiento de Julián tampoco le fue ajeno a Cupido. Inició una relación con Marta Travis, adorable mujer y excelente compañera con la que, además de cariño, compartía muchas risas. Marta solía confundir “morriña” con “modorra” y en lugar de “coger el tranquillo” solía “coger el truquillo”. En una cena con amigos dijo que era “multiorgásmica” en lugar de “polifacética”. Todos rieron, Marta la primera. A Julián, los gazapos de su pareja, lejos de indignarle le generaban ternura. ¿A cuántas personas como Marta habría corregido vehementemente Julián en su vida?

Una soleada mañana de junio la pareja paseaba acaramelada por la calle. Un coche se paró a su altura. El conductor bajó la ventanilla y gritó: “eh, tú, gilipollas”. Julián, intentando contener la erupción de su volcán durmiente, giró la mirada hacia el coche y quedó petrificado. Era Tobías rompiendo, a su manera, un silencio de dos años entre ambos. Julián le miraba pero la emoción le impedía articular palabra. Tobías le sonrió: “El sábado barbacoa en mi casa. La música la pongo yo, que tú eres un paquete que no tiene ni zorra idea. No faltéis”. Metió primera y se largó.

“¿Quién era ese tío?” – preguntó Marta descolada.

“Un buen amigo” – respondió Julián sonriendo.

A Julián Cardamomo le gusta esta lista

rotondoneto@gmail.com

2 comentarios

  1. Знаете ли вы?
    Зелёный чай может быть розовым.
    Альбом «Битлз», признанный одним из величайших в истории музыки, ругали за искусственность и «перепродюсированность».
    Будущего чемпиона Европы по боксу в детстве одновременно дразнили «хохлом» и «москалём».
    Герои украинского сериала о школьниках с трудом изъясняются по-украински.
    Двое капитанов первого кругосветного плавания были казнены, следующего высадили на необитаемый остров.

    arbeca

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